Posicionamiento de la Coordinadora Nacional de Defensoras de Derechos Humanos Laborales frente a la construcción del Sistema Nacional de Cuidados
Las mujeres trabajadoras de los sectores agrícola, de la maquila, las artesanías, de plataformas digitales, mercados públicos, concentraciones, bazares, comercio alternativo, comercio en vía pública y del trabajo de cuidados, organizadas en la Coordinadora Nacional de Defensoras de Derechos Humanos Laborales, reconocemos la creación del Sistema Nacional de Cuidados como una oportunidad histórica para avanzar hacia la justicia social y la igualdad sustantiva en México. Sin embargo, afirmamos que este Sistema sólo será transformador si coloca en el centro a quienes sostenemos la vida en condiciones de precarización, informalidad y exclusión.
Por ello, exigimos una participación vinculante y permanente de las mujeres trabajadoras en el diseño, implementación, seguimiento y evaluación del Sistema Nacional de Cuidados, que reconozca e incorpore nuestros saberes, experiencias y realidades territoriales como elementos fundamentales para la efectividad de las políticas públicas en este ámbito.
Demandamos el reconocimiento del cuidado como un derecho universal y como trabajo con valor económico, lo que implica su articulación con derechos laborales, acceso a la seguridad social, condiciones de trabajo dignas y la redistribución social y estatal de las responsabilidades de cuidado.
El Sistema Nacional de Cuidados debe contar con financiamiento público suficiente, progresivo y sostenible, evitando que el costo del cuidado siga recayendo de manera desproporcionada en las mujeres, las juventudes y las comunidades más empobrecidas.
Asimismo, exigimos que las políticas y servicios de cuidado sean realmente accesibles, considerando horarios compatibles con jornadas laborales extensas y atípicas, cercanía territorial, gratuidad, pertinencia cultural y capacitación del personal a cargo desde una perspectiva de género y derechos humanos. Esto requiere incorporar de manera explícita las realidades no convencionales de trabajo de sectores que atraviesan profundos esquemas de exclusión: artesanas en contextos rurales y comunitarios, jornaleras con esquemas de movilidad y trabajadoras de la maquila con turnos nocturnos o mixtos, por mencionar algunos. Sin esta adaptación, el Sistema difícilmente responderá a quienes más lo necesitan ni contribuirá a una redistribución efectiva de las responsabilidades de cuidado.
Finalmente, sostenemos que el Sistema Nacional de Cuidados debe articularse con una agenda de justicia laboral y protección social, incorporando medidas específicas para trabajadoras informales, rurales, de plataformas, del comercio público y del propio sector cuidados, para que no reproduzca ni profundice la precarización que hoy enfrentamos.



